Yo y el otro

El otro día me leí un cuento de Hans Christian Andersen que no conocía. Se llama “La Sombra” y no, no es para nada un cuento para niños. Es un cuento de lo más curioso. Trata un tema que es habitual en la literatura, la pérdida de la propia sombra. Pero aquí es más inquietante, al ser el otro el que se apodera del otrora amo, apropiándose de su vida y las virtudes que antes tenía y ya había olvidado.

IMG_20191009_193158El que fue hombre se preocupaba por “lo bueno, lo verdadero y lo bello” y, como se ve en el cuento, preocupado por esas disertaciones, se olvida de vivir. Y como él no vive, envía a la sombra para que viva esas experiencias en las que él no se atreve a adentrarse. Y así, el que fue hombre cae en el inmovilismo, sin percatarse de que la sombra desatada no se preocupa por lo bueno, lo verdadero y lo hermoso, sino que tan solo piensa en ella, en su bienestar y en ganarse todas las riquezas posibles (materiales e inmateriales) aunque sea con mentiras.

Si tan solo el hombre se hubiera dado cuenta de lo que sucedía con su sombra; de cómo al liberarla, él perdía; de cuánto podría haber aprendido si, en lugar de enviar a la sombra, hubiera sido él mismo el que entrara en el hogar de Poesía. Y eso nos pasa a las personas con demasiada frecuencia. Por no cambiar, enviamos emisarios, optamos por no arriesgar, incluso nos convertimos en “otro” para no integrar algo que nos puede resultar incómodo.

Según el cambio que sea, cambiar duele, se hace pesado, cuesta y nos supone un esfuerzo por dejar de hacer algo tal y como lo hemos hecho siempre para adquirir una nueva rutina. Y para llegar a adquirir este nuevo hábito, tenemos que pasar por una serie de fases:

  • No sé que no sé – incompetencia inconsciente. Es el punto en el que ni siquiera sé que tengo una carencia o que necesito cambiar algo.
  • Sé que no sé – incompetencia consciente. Ya sé que necesito hacer un cambio y estoy dispuesto a ponerle remedio. Empiezo a cambiar.
  • Sé que sé – competencia consciente. Ya tengo esa habilidad, pero no está interiorizada, por lo que tengo que pensar para ponerlo en práctica y no caer en viejos hábitos. Voy por buen camino.
  • No sé que sé – competencia inconsciente. Ya tengo tan interiorizado el nuevo hábito, que sale solo y no hace falta ni pensarlo.

Así, el cambio se producirá, la rutina se acabará estableciendo y el nuevo hábito se convertirá en la forma normal de actuar. Y recuerda, para que esta nueva rutina salga sola, lo que hace falta es práctica, práctica y más práctica, en la vida real o en simuladores colaborativos. Si el hombre instruido, dueño de la sombra en el cuento, hubiera optado por cambiar, hubiera decidido pasar este proceso, practicar sus nuevas habilidades o, ya puestos, si hubiera formado a su sombra, el cuento tendría otro final. Entendemos al hombre instruido, cambiar cuesta y generar nuevos hábitos es difícil, pero no hay que desesperarse; hay quien dice que en 21 días está casi hecho, y si se practica viviendo una experiencia, ¡incluso en menos!

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