12 hombres sin piedad

De la conciencia propia a la conciencia de equipo

Los equipos de trabajo están compuestos por diversas personalidades. Creencias, ideales, formas de pensar… ¡qué particulares somos! Y, aun así, convivimos y nos coordinamos para alcanzar objetivos de manera conjunta. Pero esta tarea no es fácil, solemos dejarnos llevar por nuestras emociones y preconceptos que suelen alejarnos de las metas grupales, encerrándonos en nuestros cascarones. Como antídoto, proponemos ir de la conciencia propia a la conciencia de equipo.

Verano, 12 hombres entran en una sala con un objetivo: dictar un veredicto sobre un caso de homicidio. Tras unas sonrisas en busca de complicidad y unas vagas palabras sobre el caso, el gestor, jurado número 1, propone una votación. 11 culpables y uno…inocente. Asombrados y molestos, cada uno por sus propias razones, no entienden su postura. Él se acoge a la responsabilidad, están ante un juicio cuya culpabilidad sentaría al acusado en la silla eléctrica.

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El “díscolo” jurado no cree del todo en la inocencia del acusado, solo pretende discutir el tema, valorar las pruebas y dictar una sentencia en base a ellas. Se acoge al compromiso que denotan sus funciones. 

Poco a poco, la temperatura es más asfixiante y las motivaciones de cada jurado son más patentes. Al jurado 7 no le interesa el tema, prefiere terminar cuanto antes para asistir a un partido de beisbol; otros se dejan llevar, oscuras motivaciones personales y prejuicios moldean las opiniones. Estos son los ingredientes del cóctel de personalidades que deben alcanzar la meta, el veredicto.

Avanza la discusión y con ella el despertar de la consciencia. El jurado 9, es el primero en unirse a la causa de la duda razonable, con lo que consigue que los demás miren en su interior, revisen la pruebas y dictaminen su veredicto. De esta manera, llegan a un empate técnico. El jurado 9 es la figura de la conciencia grupal a la que recurrirá el grupo cuando la necesiten.

Más revisiones de pruebas, más opiniones enfrentadas, más argumentos. La tormenta no acaba de descargar y el ambiente cada vez es más sofocante. Caen las primera gotas, poco a poco se inclina la balanza hacia una nuevo veredicto. Un jurado escupe sus prejuicios, otro descubre cómo estaba personalizando el caso, el jurado 4 encuentra los argumentos para cambiar su “firme” decisión.

Una nueva votación, hay un veredicto, alcanzado gracias a las habilidades de cada uno. Una decisión unánime conducida por la conciencia de grupo, motivada por la responsabilidad y el compromiso con el objetivo.

 

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Recomendación del editor:

Dado que a tantas personas tantas realidades, descubre como utilizar esta diversidad en un equipo de trabajo en “el despertar de la consciencia de equipo”.

12 hombres sin piedad, un clásico del cine que merece la pena ver y rever. Una gran opción para el verano.