Vacaciones en la oficina

JUNIO: COMPROMISO Y ADAPTACIÓN.

Era junio, ya sabes, unos días son frescos; otros, calurosos. La mente empieza a viajar, se acerca la época estival, hora de pensar dónde pasar unos días de descanso, de ocio, de… no sé, llámalo como quieras. Raúl ya tenía su destino, desplegaba sus mapas mentales mientras miraba por la ventana de la oficina, soñando o ¿añorando?

Y volvió la realidad; Juan Carlos, su jefe, con cara de apuro, intentaba explicarse “bueno, sé que es un fastidio, pero, bueno si fuera por mí…” El caso es que este año, Raúl, no iba a disfrutar de unas vacaciones. Un proyecto para septiembre, el gran proyecto. Raúl reflexionaba, pasaba de querer matar a su jefe a un impulso de despedirse: “piensa Raúl, piensa; el proyecto es un buen impulso a tu carrera, solo es un verano y, en verdad, la empresa lo necesita”; “¿Por qué pensar que se me ha fastidiado el verano? ¡Adáptate! Puedo trabajar y divertirme, dejarme llevar por el ritmo y el alma de la ciudad en verano”. Volviendo a la realidad, Raúl miró a su jefe fijamente: “No te preocupes, para septiembre estará todo el plan acabado, solo te pido que seas flexible estos meses de verano”. Tras una sonrisa de confianza de Juan Carlos, se pusieron manos a la obra.

JULIO: EQUIPO

A mediados de mes, la ciudad se empieza a vaciar, los conocidos están ociosos. Raúl se bañaba en documentos, cuadraba los horarios de piscina, y se recreaba por las hojas de cálculo. Una gota de sudor le recorría en el rostro, la oficina estaba casi vacía: “todos han huido”. Tomar café era triste, comer era… comer, y al salir al cine, a caminar o relajarse sin-tc3adtulo-2-1.pngen casa… la armonía del ventilador, el ruido de la música, ¿una serie o un libro?… un rato de tontería por WhatsApp. Se imaginaba su escritorio como un oasis en el desierto estival, unos pocos bereberes tecleaban en sus ordenadores. Todos se sonreían, aunque no habían hablado nunca. Raúl se lanzó, se acerco a un tipo calvo con el traje arrugado que acumulaba una colección de botellas de agua, empezó con algo insustancial: “hola qué tal, qué calor ¿verdad?”, “Si, me suda hasta el pelo”. Tras unas sonrisas, unos  malos chistes  y unas risas nerviosas se fueron juntos a por un refresco. Y así, amigos, es como se fundó la ‘hermandad del refresco’.  Poco a poco se fueron uniendo las pocas almas que poblaban la desoladora oficina.

Después del trabajo se iban a tomar algo, si el cronómetro profesional lo permitía. Sandra hablaba de la dificultad de encontrar los perfiles que necesitaban incorporar en septiembre, los demás la animaban, y ella narraba su anécdota del gato, el cartel de un león y el metro. Fede y Gloria se estaban encargando de actualizar la base de datos de clientes, todos resoplaban en señal de solidaridad y, entre todos, en un arranque de creatividad, sobre unas servilletas, diseñaron un sistema para actualizar de manera ágil la base de datos. Al rato, cuando acababa de vaciar papeleras y otras cosas, se unía Esteban; le recibían con alegría: “aquí está nuestro héroe, que nos salva de vivir en la inmundicia”. Este era el ambiente que construyeron en los acalorados días de julio.

AGOSTO: RIESGOS Y AGILIDAD

Son los primeros días del mes. La ciudad fantasma. Calor, calor y calor, no quedaba nada más en la ciudad. Las redes sociales se llenan de fotos y comentarios sobre paisajes, colchonetas, comidas y playas. Raúl no sabía qué le pasaba hoy, se desperdigaba, miraba constantemente por la ventana de la oficina, no podía concentrarse. Tras meditarlo y hablarlo con la hermandad del refresco, decidió que iba a hacer un pequeño viaje. Sacó la pizarra y trazó un plan: uno, adelantar trabajo, concentración absoluta, en busca de la eficiencia; dos, escaparse el jueves por la tarde a Lanuza, amigos y relax; tres, volver a la carga. Todo ello en unos pocos días. Era posible, “es importante no hacer una chapuza que luego tenga que retocar, tengo que estar despierto y poner todas mis habilidades a toda máquina, y lo más importante, durante el viaje y en Lanuza, disfrutar”.pexels-photo-593172.jpeg

Tras su escapada a Lanuza, todo salió rodado. Aquello fue todo un impulso. Parecía que su cabeza iba a cien, velocidad que controlaba y manejaba con calma. El proyecto estaba terminado, ahora solo quedaba pensar en la presentación.

SEPTIEMBRE: LA RECOMPENSA

Todo lo que empieza tiene que llegar a su fin, pero ese fin era solo el comienzo de un nuevo fin. Todos sonreían tras la reunión, con unos sinceros apretones de manos y afirmaciones tipo “te envío el presupuesto” o preguntas del estilo: “¿cuándo podríais empezar?”Se confirmaban las expectativas, los clientes mostraban una aceptación positiva.

El jefe de Raúl se acercó a su mesa tras despachar a los últimos clientes. Le sonrió y le agradeció su trabajo y dedicación: “bueno, ahora ponemos en marcha el proyecto, atamos los últimos cabos y, tras unas vacaciones, te incorporas a tu nuevo puesto, director de proyectos”. “Gracias, pero no lo habría conseguido sin la ayuda del equipo oculto, la hermandad del refresco”.

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Recomendación del editor:

Conoce otra perspectiva sobre la época estival: Una vida tan atareada.

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