Un cuento sobre ti

Llegó un momento de mi vida en el que empecé a plantearme muchas cosas. No sé, tal vez era la edad, pero… como que me faltaba algo. Y lo más extraño, era un vacío interior. Yo siempre he sido un tipo moderno, no le hago ascos a nada, así que decidí acudir a la mayor fuente de información, internet, en busca de una solución fácil, rápida y que estuviera de moda. Tras leer unas cuantas páginas, decidí ir a un medio más factible. En el mundo de los youtubers, encontré una persona muy interesante que se regía por una vieja filosofía oriental: deshacerse de los bienes materiales para ser feliz. Así, tras verme unos cuantos videos – como buen tipo de esta era, soy muy listo y no voy a perder el tiempo viendo todos –, me puse manos a la obra.

Empecé deshaciéndome de todo lo que no necesitaba, un montón de trastos. Primero cayeron objetos que cuando los compré o me los dieron me parecieron geniales. Bueno, la verdad ¿porqué #؈؋! tenía esto en casa? Ése era el espíritu, ya me encontraba genial, no necesitaba nada que no usara o me fuera útil. Cada vez que me sentía alicaído o un poco triste buscaba, tiraba y la felicidad volvía a mí. Un mal día en el trabajo, un par de cacerolas a la basura; un final de serie que no me gustaba, fuera estanterías; que tenía frío porque había tirado las mantas para ser feliz, pues adiós sillas y mesas. Al final, mi casa, mi hogar, era como la nada, no había nada; vamos, ni siquiera pintura en la pared, pero qué felicidad, oiga.

green wooden chair on white surface

Mi última pertenencia

Un día me senté en el medio de una habitación mirando la pared blanca, inmaculada. Estuve mucho rato, sin pensar, casi sin parpadear, mirando la pared blanca, inmaculada. De pronto un punto negro, muy pequeño apareció en la pared, era tan pequeño que decidí que viniera hacia mí para comprobar que no era fruto de mi imaginación. Tras tocarlo con el dedo, volvió a la pared. No sé cuánto tiempo pasé mirando el punto, ni cómo empecé, ni cómo se me ocurrió, pero el punto era como un lápiz. Empecé a hacer garabatos, hacía y deshacía. Pasé a hacer objetos que me agradaran, transformé la habitación en un jardín, y, tras acabar, estaba tan cansado que me apetecía tumbarme en un sitio cómodo y descansar, así que dibujé una cama y bueno, ya sabes, me acosté.

Me desperté con la mezcla de un bostezo y una sonrisa. Me entro hambre, así que me dibuje mi bocata favorito. Empecé a dibujar mi casa, muebles, cuadros, utensilios. Cuando acabé me senté a contemplar mi nuevo hogar. Me sentía muy satisfecho. Era justo lo que yo quería.

Un pajarillo llamó mi atención, me miraba curioso, divertido, así que me acerque a la ventana. El pájaro voló y yo me quedé mirando hacia fuera, algo me llamaba, y me quedé pensativo. Pero, amigos, esa es otra historia.

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