Historias de un futuro presente.

Vino de pronto; nadie se lo esperaba, aunque había señales que lo indicaban. Una nueva era. Las cosas cambiaron radicalmente y para adaptarse no valían las soluciones fáciles.

Al señor QPC todo el mundo le tenía por un pesado. Sus ideas sobre organización, procedimientos o agilidad eran una pérdida de tiempo. Malgastar energía en algo que no importaba o, mejor dicho, que no reportaba. Pero eso era antes de la transformación. En estos tiempos tan cambiantes siempre había que ser eficaces, hay poco margen.

Antes, las personas no necesitaban interacciones, solo directrices. El señor QPC era un incomprendido: “no voy a gastar parte del presupuesto en algo que deberían conocer”, “conocimiento y conocimientos, no se necesita otra cosa” es lo único que oía. Le resultaba curioso que siguieran pensando que las personas debían funcionar porque sí, que las directrices mandaban y que las motivaciones eran tan solo materiales.

Ahora reinaba la innovación, por lo que hay que adaptarse; las cosas habían cambiado. Se necesitaba estar más preparado y tener unas habilidades antes despreciadas, entre otras cosas, para poder perdurar en este nuevo mundo más competitivo y volátil. El señor QPC se sentaba en su mecedora y, pacientemente, esperaba. Las personas, los líderes y los equipos se acercaban, le explicaban alguna nueva idea o le comentaban cómo iba algún proyecto. Tras un rato con el señor QPC, la idea cogía más color, se pulía y se conseguía llevar a cabo. El señor QPC nunca les decía qué tenían que hacer o cómo hacerlo, “solo” les mostraba con qué recursos contaban para realizarlo. A veces el señor QPC, se levantaba de su hamaca en busca de talento, formar personas o descubrir y potenciar habilidades.

Su método era sencillo, solo necesitaba una historia y unos personajes. Hito tras hito, los participantes crecían, primero unos pocos centímetros y luego, poco a poco, se hacían enormes, llenos de un gran potencial.

El señor QPC se había convertido en una figura destacable de esta nueva comunidad. En esta nueva era los procedimientos habían cambiado, se necesitaba, más que nunca, la producción cognitiva, para poder ser más eficaces y sobrevivir. La única manera de llevarla a cabo era colectivamente, mediante la cooperación y compartir el éxito a todos los niveles. Ya lo dice el señor QPC: “Invertir en equipos de alto rendimiento es apostar por la vitalidad competitiva”.

Conoce más sobre el arco de transformación personal de Okapiatools en nuestra web y en las redes.

Recomendación del editor:

Si quieres conocer el método QPC visita “Mi ISO personal”

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