Mis problemas con los relojes

Me despierto miro el reloj, marca las 5:35, no puede ser si hay una luz que parece las doce y media. Miro el otro reloj, marca las 19:43, de nuevo, no puede ser: ¿he dormido más de veinticuatro horas?

Sí, amigos, tengo dos relojes en mi mesilla; bueno confieso dos, pero me guardo, por vergüenza, los relojes de muñeca. Y he de decir que ninguno de ellos va acorde con la hora real. Empezaron a quedarse atrasados con el cambio de hora, pero poco a poco, tal vez por falta de pilas o porque se han ido adaptando a su propia cadencia, cada uno marca una hora. Lo he comprobado: uno marca la hora argentina y el otro la de Moscú. También he mirado dónde se habían fabricado, por si les había dado por coger la hora de sus respectivos países, por nostalgia vamos. Pero no, son de china. ¿A qué se debe esto? ¿Qué está fallando?

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Mesilla-templo de Chronos

El primer reloj, que marca la hora de Argentina, es muy completo, tiene de todo. Primero pensé en ponerme alguna radio como despertador, pero pensé que un señor enfadado a las siete de la mañana no era una buena idea para levantarme con humor y afrontar el día. De todas formas, el verdadero problema es lo complicado del reloj: tiene tantas cosas como botones. Uno se cree muy listo y para qué se va a leer las instrucciones; además, cada vez que me acordaba de ajustarlo se acercaba el cambio de hora. “Bueno, ya lo haré cuando toque”, pensaba, aliviado al ver que no me tenía que enfrentar a mi reloj.

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Muestra de la dificultad de la tapa. Es que… Anda que…

Encontré la solución, quitarle el reloj a mi mujer. Uno muy apañadito, pequeño y sencillo. Todo iba muy bien hasta que llegó el momento del cambio de hora. Todo un sufrimiento, cada vez que lo pienso me pongo a sudar. Era la tapa, con uñas o sin ellas; esa tapa era a prueba de mí. Así que, por no pedírselo más a mi mujer, decidí que era mejor acostumbrarme, y acordarme, a restar una hora cada vez que mirara el reloj. Llegué a hacerlo automáticamente, pero, con el tiempo, el reloj cambió a su propia hora. Maldito sea.

La solución definitiva es fiarme solo de los humanos y pasar de las máquinas. No hay mejor despertador que el beso de la persona a la que quieres. Claro, que eso conlleva levantarse a su hora, lo que puede ser un problema. Un gran problema. Y eso sin pensar en la carga para la otra persona.

De modo que creo que trabajar una serie de habilidades blandas, o soft skills, como las llaman hoy en día. Voy a enumerar, no me vaya a dejar alguna:

  • Accountability: la responsabilidad es mía, la alarma es la herramienta, ¿qué culpa tiene ella?
  • Empatía: por lo relojes, claro.
  • Confianza: sé que el reloj me va a despertar a la hora que le indique, si suena la alarma y no me despierto…eso es otro tema.
  • Aprendizaje continuo: adaptarme a las necesidades de mis relojes.
  • Proactividad y perseverancia: para ajustar la hora cuando corresponda.
  • Motivación intrínseca.
  • Trabajo en equipo con los relojes.

Creo que, si trabajo duro, todo esto puede ayudarme a volver a ser una persona que se despierta a la hora correcta y volver a confiar en esas máquinas de precisión.

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Recomendación del editor:

Además de trabajar las soft skills para poner en orden esas pequeñas cosas de la vida,  el minicoach box te puede ayudar a enfocar tus objetivos y planificarte.

 

 

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