With a Little help from…

Afrontar un nuevo proyecto, como puede ser realizar la versión de una canción, conlleva un compromiso con el objetivo y el equipo: tienen que conseguir hacer la versión de un tema que entusiasme a todos los miembros de la banda. Una buena forma de trabajar el compromiso es a través de ficción, como un grupo de música, cada componente de la banda se proyecta en su personaje – el instrumento que tocan –, y viven una aventura: crear la versión de un tema, superando unos hitos, que se construya entre todos y plasme la seña de identidad del equipo, para alcanzar el objetivo.

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En un escenario, la sala de ensayo, todos los componentes ya preparados se presentan: el batería hace un redoble y marca un sonoro ritmo: tras él, el guitarrista puntea al aire, a lo que le contesta el bajista con unas graves y juguetonas notas; el órgano está un poco callado, el MBTI le ha indicado que es introvertido: algunos le animan, otros esperan impacientes. Tras unos segundos toca unos acordes recogiendo los sonidos de presentación de sus compañeros. Todos han dado a conocer las fortalezas, las debilidades y las competencias de sus personajes, sus instrumentos ¡Empieza la aventura!

El productor musical les ha propuesto hacer una versión de “With a Little Help from My Friends”, un tema que al grupo les gusta tocar, les entretiene, para ellos tiene un… “algo” especial. Pero han de aportar su propia versión: “tiene que ser el tema pero que parezca que no es el tema; bueno, ya sabéis”. A todos le parece una tarea fácil, es una canción que han tocado muchas veces. Los instrumentos aceptan el reto, pasan el umbral y se sumergen en el mundo “mágico”, como diría Joseph Campbell.

Surgió una tormenta de ideas. El ingeniero de sonido, el coach que dirige la sesión, atento, graba las propuestas, facilita la participación y redirige de forma no invasiva, para que todos los instrumentos superen los hitos que les conducen al objetivo. Surgen liderazgos, o ¿son egos? La guitarra quiere imponer un bello pero largo punteo, el bajo se agarra a un cómodo ritmo, al teclado le entusiasma meter unos coros femeninos; éstos le parecen bien a la batería, pero insiste en los principales valores del grupo, el soul cálido y suave, y el rock enérgico y rebelde. Todos están de acuerdo en fijarlo como estilo, han tomado una decisión. 

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El ingeniero de sonido, con lo que han grabado, hace unas mezclas y se las pone al grupo. La discusión gira en torno al punteo que aporta la guitarra, el bajo parece que se aburre. El ingeniero les propone hacer un cambio de roles: la guitarra va a tocar un ritmo y el bajo va a puntear. Les tiene tocando un rato, hasta que la guitarra se para, más bien se planta. El ingeniero pregunta y la guitarra contesta: “La verdad es que es muy tedioso y aburrido; encima estas oyendo un solo, lo que implica destacar y, bueno, es un poco frustrante”. El bajo no hace sangre: “tocar un solo es un subidón, además parece que todo se construye para que uno destaque, la verdad… es que le hace sentirse a uno bien, pero no somos un yo” a lo que el guitarrista contesta “somos un nosotros”. Se miran y se sonríen para superar el miedo. “Por eso hay que meter unos coros”, menciona el oportunista teclado, provocando una sonora risa en el grupo; “vosotros reíros, pero, si lo pensáis, obligaría a que todo sonara al unísono”.

El ingeniero recopila el trabajo que llevan hasta ahora: escuchan las demos, la canción original de los Beatles y los temas preferidos del grupo. La banda enfoca el problema para alcanzar el objetivo. Surgen las primeras versiones, se descartan y se acoplan sonidos según pide la canción, deciden darle un tono más emocional a su versión: “sí, más sentida”, dice entusiasmado el bajo. Entra el productor y les pide que la hagan más esplendorosa, habla de lo bonita que es la letra y comenta que los Beatles cuando la cantan parecen tristes: “Siempre me ha chocado; no sé, parece que la cantan con un tono irónico”.  Tras unos lamentos y gruñidos, parecen alicaídos; la batería toca un ritmo ¡sube y baja! las partes más lentas se convierten en una apoteosis. Empiezan a tocar sobre la base de la batería. Prueban, trocean la canción, deciden el tono de cada parte, y, cuando se quieren dar cuenta, tienen la versión.

El grupo deja sus instrumentos y se apilan en torno al panel de sonido, el assesment, la devolución que les trae de la ficción a la realidad. Escuchan la versión que han realizado: lo que se oye es un equipo, surgido por haber trabajado conociendo las habilidades e inquietudes de cada miembro de la banda; la armonía del tema denota la participación activa de todos; escuchan con atención cómo han convertido una amenaza en una oportunidad empleando su marca personal; gracias al soul, han aprovechado la imposición del productor.

Al igual que ha hecho está banda de música, proyectándose en sus instrumentos, viviendo una aventura o realizando el viaje del héroe, la ficción es una gran herramienta para trabajar las solf skills de los equipos.

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