Metas y caramelos

En la era de la inmediatez, lo que deseamos lo tenemos al instante. En la era digital, la información está a nuestro alcance. Todo lo que deseamos saber lo encontramos al instante a golpe de clic: unas zapatillas, una serie de tv, unas naranjas, un… Esta inmediatez se refleja en nuestra vida diaria y profesional. Deseamos el caramelo ya y no pensamos en la montaña de caramelos que podemos conseguir si somos perseverantes, si mostramos una actitud proactiva y si nos hacemos valer. Pero en esta época de la inmediatez todos queremos ser jefes, y lo queremos ya; vamos, que nos nombren de primeras CEOs de la empresa, porque yo lo valgo.

Como niños caprichosos donde el mundo está a nuestro servicio, no tenemos por qué ofrecer algo al mundo, el mundo nos lo debe. Queremos nuestra recompensa ya. Un caramelo enfrente nuestra, tan apetitoso que parece que palpita, nos atrae seduciéndonos. Pero quien nos ha puesto el caramelo delante nos dice que, si esperamos, nuestra recompensa será el doble, ¿más caramelos? Nos dice que seamos pacientes, si trabajamos con dedicación y aportando nuestras ideas obtendremos nuestra recompensa. Una montaña de caramelos apetitosos.

Para ello debemos aplazar la recompensa, controlando nuestra inteligencia emocional. Además, las empresas deben apostar por el nuevo talento, para regenerar la organización y mantenerse en el tiempo. El principal valor de las organizaciones son las personas que la componen y, para ello, tienen que otorgarle el valor en forma de recompensas que premien su dedicación y esfuerzo; en definitiva, su compromiso con los objetivos de la empresa. Sin caramelo es muy difícil motivar. Ese caramelo debe ser apetitoso, interesante y atractivo, que se puede traducir como responsabilidad, independencia y autonomía, lo que supone flexibilidad y confianza por parte de la empresa. Estos son algunos de los muchos valores que demandan actualmente los trabajadores.

La esencia de la autorregulación emocional es el aplazamiento de la autorrecompensa, saber cuándo ha llegado mi momento, donde el pistoletazo de salida será el reconocimiento de nuestro trabajo.  Lo que nos conduce a la recompensa es la propia actividad, disfrutar del trabajo. Cuando nuestra pasión es nuestra carrera profesional, la dedicación es mayor, ya obtenemos una especie de recompensa al trabajar en lo que nos gusta, y nos será más fácil enfocar nuestro objetivo y alcanzarlo. En palabras del Rebelde sin causa de América, James Dean: “la gratificación viene al hacer, no con los resultados”.

Aguantar las ganas de comernos nuestro caramelo nos ayuda a conseguir alcanzar nuestros sueños. Para ello, se necesita perseverancia, esfuerzo y entusiasmo, lo que implica un tiempo. La inmediatez, el querer que nuestros propósitos se cumplan ya, es un obstáculo, incluso puede resultar una absurdez si no somos magos, llegando a hacer que perdamos nuestros caramelos.

Si no quieres que se desvanezca el montón de caramelos con el que siempre has soñado fíjate metas realistas a largo plazo, apóyate en tu pasión por tu trabajo para autorregular las emociones y sé paciente, y verás que la montaña de caramelos acaba siendo más alta de lo que te esperabas.

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Un comentario en “Metas y caramelos

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