Huyendo de sí mismo

pexels-photo-697662.jpeg

Ahora. El explorador y él contemplaban el valle desde lo alto de la colina. Antes, entre la espesura de la jungla, se encontraron. El explorador se sorprendió de ver un occidental en medio de la selva y soltó sin pensar: “¿Qué haces aquí?”  Él sonrió, giro la cabeza, tímido y pensativo. Tras unos segundos, empezó a caminar despacio al mismo tiempo que un cálido movimiento de dedos le indicaba que le siguiera.

Ahora. La densa niebla arropaba el valle, él empezó a hablar suave, pero atropellando las palabras, impaciente por explicarse sin mirar al explorador:

“Hace años, huía de mi propia vida, toda mi vida preparándome. Pensaba que con conocimientos teóricos bastaría, pero no; una continua formación en desarrollo personal me perseguía. Tienes que ser un buen líder, agilidad y flexibilidad, accountability, nuevas palabras se transformaban en nuevas competencias. Era el infierno de nunca acabar.

Mi llegada a la selva fue liberadora, un gran espacio donde no me tenía que preocupar de relacionarme bien o aprender una nueva competencia. Eran básicas en este lugar. Se podían aprender con la experiencia impulsada por el miedo, un gran motivador. Durante los primeros días, mi ocupación fue construir un hogar y aprovisionarme de comida. El esfuerzo de las primeras jornadas era recompensado con la satisfacción del propio trabajo. La calma de la noche me ayudaba a meditar, reflexionar sobre mi nueva vida. Todos los días me acostaba con una sonrisa en la cara, sólo se esfumaba con los siniestros sonidos de la noche selvática que poco a poco se convirtieron en mi nana para dormir, me tranquilizaban. Si los oía es que todo iba bien. Me levantaba despreocupado. Mientras desayunaba, pensaba en las tareas del día: descubrir la selva, pescar, cazar o sentirse ocioso… pero activo, eso sí eh, sin tener que ir de un sitio a otro con prisas, sin reuniones donde uno tiene que aparentar firmeza, eficacia o simpatía… aquí podía ser yo mismo.

pexels-photo-396714.jpeg

Él y el desarrollo personal en un ambiente natural

Los habitantes de la región se acercaban con curiosidad a mi morada; encogidos entre la espesura de la selva, observaban. Sabía que estaban ahí, pero no le daba importancia: ‘ya se acercarán si quieren’. Los indígenas quisieron acercarse, intercambiábamos comida e historias con gestos, silbidos o dibujando en el suelo. Su vida cotidiana formó parte de la mía. Se acercaban distintas tribus, algunas enfrentadas, yo les preguntaba, mediaba y todos charlábamos. Durante el trascurso de los días, como si fuera un ritual, me reunía con los habitantes de la región, les contaba cómo trabajando colaborativamente podíamos simplificar las tareas cotidianas, cómo aprovechar las habilidades de cada uno les facilitaría progresar, cómo reflexionar antes de actuar simplifica los problemas. Aprendí qué era la naturalidad, lo fácil que puede resultar la comunicación, o cómo anticiparse a un peligroso animal. Hablábamos acerca de las relaciones o la eficacia, una palabra que los habitantes de la región convirtieron en su mantra. Por las noches, mientras los poblados dormían, colocaba piedras dibujando símbolos tipo: ‘el esfuerzo de uno es el esfuerzo de todos’, ‘flexibilidad + confianza= superación de las adversidades’, ‘un líder motiva a las personas, no está por encima de ellas’.

Cada cierto tiempo me reunía con los líderes de todas las tribus, debatíamos qué hacer, escuchábamos las necesidades de cada uno, discutíamos, planificábamos. Yo superviso la estrategia diseñada, hago que sea realidad. Me siento vivo, he conseguido apartarme de las tensiones del mundo moderno, esos rollos del teambuilding, cursos y cursos de liderazgo, la presión de las reuniones y … bueno eso es lo que hago aquí.”

“Bien dicho, eso es lo que haces aquí”, contestó el explorador, acompañando sus palabras con una irónica sonrisa. Tras disfrutar unos segundos del gestó de confusión de él, el explorador sin perder una divertida mueca, se explicó: “Sí, hombre, es lo que haces aquí. Los habitantes que viven en esta selva ya desarrollaban estrategias y lideraban, y tú, al llegar aquí, huyendo del trabajo, del desarrollo personal y de las habilidades de liderazgo, has encontrado tu hueco, cultivas el trabajo en equipo, colaboras en la búsqueda de la eficacia… ¡Aquí haces lo mismo que allí!”

Ahora. Él miraba cómo los rayos de sol se reflejaban en las gotas de lluvia posadas en el valle, brillaba. Luminosos colores mostraban su gesto sorprendido, de desconcertado a una sonrisa de aceptación. Su cuerpo se relajó, echo sus hombros hacia atrás y levantó la cabeza estirando los músculos. Con un entrañable y afable ademán, se despidió del explorador sin decir nada más y despareció en la selva.

Ahora. Él explorador navegaba río abajo atravesando el valle. En su profundidad, una maraña de vegetación formaba la jungla. Pensaba en él. Le divertía pensar en alguien huyendo de aprender, conocerse. “Algo tan innato”, suspiró y movió la cabeza sin poder creérselo. “Supongo que él se quedará aquí o volverá a occidente o tal vez huya a una región ártica para, junto a distintas tribus esquimales, desarrollar habilidades de una manera efectiva”.

Si la entrada te ha gustado no dudes en suscribirte al blog o visitarnos en las redes sociales, no sin antes pasarte por nuestra anterior publicación: ciento de cosas que no debes seguir

Un comentario en “Huyendo de sí mismo

  1. Pingback: IDEAS PARA EL SIGLO XXII | Okapia Tools Blog

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s