Las gallinas ponen huevos (Parte I)

Hemos estado en un pueblo, y la verdad es que no está mal. Es como una ciudad pequeña, con casas pequeñas y mucho campo alrededor. Lo mejor es que estás todo el día en la calle. Hay muchos animales que yo solo había visto en la tele. Hay vacas, que son bichos muy grandes, con cuernos. Dan un poco de miedo, no porque sean malas, sino porque no miran dónde pisan. Las cabras se parecen a las vacas, son más pequeñas y no son muy de fiar. También hay gallinas, que son como pájaros grandes y bastante torpes. Es divertido perseguirlas. No saben volar y corren haciendo eses como si estuvieran borrachas. Y hay perros y gatos, pero estos son parecidos a los del barrio.

En el pueblo he descubierto varias cosas curiosas, por ejemplo, de dónde sale la leche y de dónde salen los huevos; y también que allí a cada cual tiene su tarea. Así, las vacas y las cabras tienen una especie de depósito en la barriga de donde sale leche. Un paisano la recoge y hace queso. Los perros tienen que cuidar de los otros animales, y vigilan que todo esté bajo control. Si ocurre algo sospechoso por la noche, ladran hasta despertar a medio pueblo. Los gatos, como siempre, a lo suyo. Y las gallinas, ponen huevos.

El paisano reúne a las cabras cada mañana y las arenga diciendo: “Ya sabéis; la que no trabaja no come”; y las cabras se esfuerzan por dar toda la leche que pueden. Y se estresan. Igual que las vacas, que también están de los nervios. El paisano las ordeña y apunta todos los días en un cuaderno la leche que dan. Si alguna no da la medida, él la mira muy fijo, se rasca la coronilla y tuerce el morro.

Con las gallinas pasa algo parecido. Su trabajo consiste en poner huevos, cuantos más, mejor; y todas las mañanas tienen que sentarse en el nidal a ver si cae uno. Unas veces cae, y otras no. Y si es que no, lo que cae es una bronca de campeonato. El problema es que están muy flacas y se las ve con pocas fuerzas. Yo creo que es porque la jefa les ha racionado mucho el pienso. Las ves picando aquí y allá y parece que lo hacen por pasar el rato. Pero, qué va. Lo hacen para matar el gusanillo. Como lo oyes.

gallina dentroHay una gallina muy maja, la Pinta, que tiene además un historial excelente. Ha sido varias veces campeona del pueblo, pero el mal comer y los años no perdonan. La jefa le ha dado el ultimátum: “La que no trabaja…”. Y como la ración, ya de por si es muy escasa, le entra la congoja.

La otra tarde andaba la Pinta con sus amigas picoteando por donde se sientan las vecinas al fresco, cuando oyó a su jefa: “Gallina vieja hace buen caldo”, como presumiendo con las más jóvenes de su experiencia. La Pinta, que no entiende de refranes ni de metáforas, pero conoce el percal que se gasta la vieja, cogió al vuelo la amenaza y sintió que iba por ella. No quiso esperar más. Esa misma noche, con la congoja en el pescuezo, se escabulló por un roto de la malla. Una compañera le oyó murmurar desconsolada: “Me mudo de barrio, que la vieja me echa al puchero en cuanto me descuide”.

A la luz de la luna, cogió el camino adelante, y se fue. Ningún perro del pueblo quiso ladrar esa noche.

 

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Un comentario en “Las gallinas ponen huevos (Parte I)

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